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El botellón del sábado

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El consumo de alcohol por parte de los jóvenes como forma de diversión se ha convertido en rutina y norma durante estos últimos años. Nadie esta exento de encontrarse borracho a un adolescente de 17 años un sábado noche, que, junto a su grupo de amigos, deciden acompañar su momento de fiesta con la sustancia que les hará ser quienes no son durante su periplo nocturno.

Perplejo asistí a la lectura de un artículo escrito por Manuel Martín Ferrand en el año 2006 para el periódico ABC, que llamaba a las autoridades de nuestro país a “confrontarse ante los jóvenes y exhibir la fuerza” ante los adolescentes que organizaban “botellones”. Este autor (que en paz descanse), trataba a los chavales como peligrosos “que buscaban realizar un pulso a la autoridad” con sus consumos etílicos en la vía pública. Hoy, hace más de 11 años desde que Manuel Martín escribiera su artículo, la practica de los “botellones” se ha incrementado y, sobre todo, normalizado entre la sociedad española.

Esta manera de criminalizar a los jóvenes no es la solución. Sacar los tanques a la calle no es la solución. Multar el consumo de alcohol en la vía pública no es la solución. Por más que se hayan aplicado parches a esta situación (como la restricción de la compra de bebidas alcohólicas hasta la mayoría de edad), la situación sigue siendo igual de alarmante y, en gran parte, preocupante desde la mirada paterna, que ven como estos no pueden evitar las borracheras constantes por parte de sus hijos.

Pero, ¿por qué los jóvenes toman la vía etílica? Muchos de ellos buscan evadirse de los numerosos problemas que sufren a diario, como la situación generalizada de paro entre este segmento de edad (que durante el último trimestre de 2016 alcanzó el 41.9%), los periodos de estrés que genera el sistema educativo durante la época de exámenes o el acoso cruel al que se someten en las aulas a los alumnos o alumnas que no siguen el canon de belleza, gustos u orientación sexual normalizados en la sociedad.

Muchos de ellos buscan ser otros. La timidez para socializar con otras personas se desvanece después de un par de cubatas, dando paso a actitudes de las que, muchas veces, estando sobrios no seríamos capaces de realizar, ya porque no nos sentimos con valentía para hacerlas o porque incurren en delitos, acosos o abusos (sí, señores, la culpa de las violaciones a mujeres no es debido al vestuario de estas ni a su grado de borrachera, sino de los hombres que las ponen en práctica dentro de una sociedad, que, en gran parte, las normaliza).

Trasladándonos a la raíz del problema, la falta de alternativas de ocio saludables, la normalización por parte de la población joven e, incluso, menor de edad, de que una persona no es capaz de divertirse si no es a través de las bebidas espirituosas o la visión cortoplacista de obtener un placer pletórico sin tener en cuenta las consecuencias nocivas en el largo plazo, dan como resultado la construcción social de un modelo de recreo tóxico y avergonzante.

Tras esto, importantes lobbies hosteleros, de empresas que se dedican a la producción de bebidas alcohólicas y de las que tienen intereses en el mundo de la noche, frenan cualquier tipo de regulación o propuesta alternativa que dé lugar a una transición del modelo normativo de diversión.

Ante este panorama, concienciemos, regulemos, informemos y planteemos a nuestros jóvenes que no es necesario acabar tirado en la calle borracho todos los sábados ni en un hospital con un coma etílico, para poder disfrutar de la noche con nuestros amigos. Pero, señor Manuel Martín, no prohibamos ni carguemos contra nuestros jóvenes, porque esto no es más que un “apaño” para un grave problema social.

 

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Escribo artículos de opinión y analizo de forma crítica diversos asuntos. Contacto: alvarogonzalvo22@gmail.com

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