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Filosofía Trainspotting

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Al igual que con Trainspotting en el 96, Danny Boyle e Irvine Welsh vienen a contarnos cómo es el mundo en el que vivimos: el mejor modo de observar nuestro mundo es estar fuera de él. Eso fue y es Trainspotting, la visión de una sociedad decadente desde fuera, desde un grupo de jóvenes que han elegido no participar en este Apocalipsis a cámara lenta.

Tanto en Trainspotting como en Porno (libro en el que se basa T2), un grupo de indeseables se planta ante ti durante más de 300 páginas y/o casi dos horas de metraje para contarte lo mísera que es su existencia. A todos nos gusta ver una película de miseria ajena, que haga que al pensar en nuestra vida nos digamos a nosotros mismos: “Podía ser peor, podría ser uno de los de Trainspotting“.

Sin embargo, ese grupo de patéticos drogadictos no está ahí para ser objeto de nuestras risas, alegrías y penas, está en esa pantalla para sentir la más condescendiente de las penas por los espectadores y lectores, así como de nuestras mediocres vidas. Están ahí para hacernos reflexionar sobre qué elección de vida es la correcta.

Una vez que caemos en esto, que comprendemos que ellos no se cambiarían por nosotros si pudieran evitarlo, los roles se intercambian. En la filosofía que envuelve a Trainspotting, la drogodependencia no es peor que cualquier otra rutina o vicio socialmente aceptados. Cuando Renton en T2 dice: “Estás enganchado. Sigue enganchado, pero engánchate a otra cosa”, no solo resume la visión del mundo que se muestra en la obra de Welsh, resume el mundo en sí mismo. El autor presenta un único rasero para juzgar todos los modos de vivir, incluidos los no aceptados socialmente. Welsh encuentra la definición perfecta de una sociedad basada en vicios y rutinas repetitivas, en la que no hay diferencia alguna entre hábitos tan distintos como pueden ser la drogodependencia o pasar tres horas al día en un gimnasio. Todo son vías de escape de una existencia impuesta desde antes de nacer, incuestionable y anuladora.

El viejo lema se campaña antidrogas de “Elige vida“, que fue el eslogan de la primera película, se queda corto; en la primera obra se planteaba una sola elección: elegir la vida o elegir el pequeño mundo que se creaban los protagonistas en torno a la heroína. En el segundo film, la elección se da por hecho, la vida es la elección correcta, los protagonistas se han dado cuenta de que elegir vivir solo supone cambiar de adicción, al elegir la sociedad, se han abierto las puertas de infinitas posibilidades más de escapar de la inercia de ésta.

Trainspotting y T2 relatan esa indiferencia ante lo correcto y lo no correcto, el relativismo ético llevado al límite.
T2 también es una historia sobre personas, sobre las tóxicas amistades que se forjan entre los protagonistas y que 20 años no han podido oxidar. Cuando Renton vuelve a Edimburgo, lo hace por la misma razón por la que se fue 20 años atrás; no vuelve por amistad, por ajustar cuentas o por nostalgia, lo hace por necesidad. En T2 se muestra en un principio, de un modo casi antitético, la vida de Mark Renton, como persona que eligió incorporarse a la sociedad aún a costa de sus amigos, y salió adelante, frente a la vida de Spud, Sick Boy o Begbie, que siguen a su modo particular y a cada cual más caótico, al margen de la normalidad. Sin embargo, pronto el espectador se da cuenta de que en el caso de Spud, Sick Boy y Begbie, lo que en un principio parecía una vida penosa, sigue siendo una vida penosa; pero que la vida de Renton, como persona insertada en la sociedad, es igual de mediocre que la de sus viejos amigos. Otro de los principales pilares de la filosofía de hoy día, la diferenciación entre triunfadores y perdedores no tiene cabida en Trainspotting.

También Trainspotting y T2 rompen con la idea de la transcendencia más allá de la vida, el legado, no buscan sentido a una existencia pasajera y contingente. Para los protagonistas, no hay que buscar función a una existencia que no la tiene, hay que pasar por ella de la manera menos molesta posible, sin preocuparse por un futuro incierto o por la imagen que existirá de ellos en su vida y su muerte. A pesar de la madurez que deberían haber alcanzado en T2, esta idea al final sigue vigente en ellos.

En definitiva, T2 continúa con la reflexión sobre el mundo actual que empezó en la primera película.
Llevada y dirigida con la maestría de Boyle, moviéndose en el reflejo social con un toque surrealista y visual que ya hizo suyo en 1996, y que produce, junto a la trama, la catarsis perfecta, lo más recomendable sería elegir ir al cine, elegir IVA Cultural, elegir una película sobre unos heroinómanos y sobre su desgracia 20 años después, elegir escribir una reflexión profunda y estéril que probablemente a nadie le importe o elegir leerla en algún medio emergente en la web y elegir pensar mil frases que se te ocurrirán al salir de la sala que empiecen por “elige”.
Es básicamente lo que nos ha enseñado la filosofía de Trainspotting, basar nuestra existencia en buscar un pozo a nuestro gusto, y deleitarnos viendo cómo el fondo se acerca; elegir vida.

1 Comentario

  1. Cuando tras leer una crítica, siento ganas de ver la película sólo por saber si comparto su análisis, indudablemente estoy ante un buen crítico.
    ¡Buen trabajo, Alvaromartinmorillo!

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