Inicio Estilo de Vida Caminando por Milán

Caminando por Milán

82
0
Compartir
Milan

Italia tiene muchas cosas que mostrar, de esas que salen en las películas, pero quizás una de las ciudades que menos renombre tienen en el panorama viajero es Milán. No pasa nada, nunca es tarde para mostrarla

Todos hemos visto alguna vez una de esas películas de las cuatro de la tarde en la que la relación entre la protagonista y el chico guapo se desarrolla en algún lugar de la Toscana. Precisamente Italia es uno de los países más recurrentes para el arte, y de él han salido grandes figuras y se pueden visitar grandes ciudades construidas en cierto modo por ellos. No materialmente pero sí en cuanto a esencia. Italia es pura historia,  un lugar perfectamente imaginable en los sueños de cada uno. Pero bajando a la realidad, de Italia las masas enseñan lo que interesa: Roma, Florencia, la mencionada Toscana, etc. Pero no se queda ahí. Hay otras ciudades, otros rincones, que son más bonitos si cabe por no ocupar páginas en las revistas, en los libros o en las guías de viaje.

Una de ellas es Milán. Te recibe el Duomo, lugar más famoso de la ciudad, quizás el único. Pero ahí reside el encanto de este lugar; en que no hace falta tener la ruta prevista de antemano. Basta con caminar, mirar, investigar, y sobre todo, tener una cámara de fotos entre manos, porque Milán es para recordar. Pasen los años que pasen, volver a ver esas imágenes y viajar al pasado, pero no al de nuestra estancia allí, sino más atrás. A los inicios de todo, a esa Italia nada tergiversada por la cultura masificada de los ordenadores, de los móviles y de un cine que busca más enganchar por el contorno que por la historia. Para eso ya están otras. Milán es diferente.

No vamos a decir que hay que ver tal o cual monumento o comer en tal o cual restaurante. Hablemos de su gente. De unos rincones sencillos y al mismo tiempo enigmáticos. Para empezar, en Milán la gente nostálgica no se sube al metro (solo lo hacen los que llegaron después, invadidos por el espíritu de lo cómodo), sino que coge el tranvía. No va a locales de lujo, sino que se toma un buen vino en pequeños bares de toda la vida. Guarda sitio para una calle con tiendas controladas por el consumismo y la modernidad, pero el resto de la ciudad se deja afectar por el paso del tiempo. Como ese señor que a pesar de la vejez se sigue poniendo traje. Igual.

Milán se arregla lo justo, sin dejar de ser ella. Se puede comprar comida en puestos ambulantes en los que el sabor es verdaderamente italiano. Y se puede charlar. Con cualquiera que se cruce en tu camino se puede entablar conversación en un italiano casi primitivo. Es como si no quisieran parecerse al resto. Y en realidad no lo hacen. Milán es diferente, tanto que solo te invita a caminar. Lo demás te lo tienes que ganar tú.

Dejar una respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here