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‘La Línea Roja’ se introduce en la homofobia

La tercera entrega del programa de debates de Jesús Cintora “La Línea Roja” penetra esta semana en un tema muy polémico aún hoy día, la homofobia

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La línea roja
Jorge Garrido (izquierda) y Álvaro Sanjuán (derecha) en el programa de Jesús Cintora (centro), acerca de la homosexualidad

Jesús Cintora ha reunido esta semana en La Línea Roja a un joven homosexual implicado en la lucha LGTBI, Álvaro Sanjuán, con varias personas heterosexuales de valores tradicionales, para debatir un asunto en el que existen posturas muy distanciadas entre sí: la homofobia

La homosexualidad en España fue considerada legal a partir de 1979 y el matrimonio entre personas del mismo sexo es legal desde 2005, pero, ¿en qué punto de la línea roja de la homofobia se encontrarán estas personas?

La línea roja daba el pistoletazo de salida con la primera reunión, con Jorge Garrido, un abogado educado en valores clasistas y tradicionales. Jorge aboga por una familia integrada por una mujer, un hombre y sus progenitores. No tiene amigos homosexuales aunque afirma que “parece ser que ahora es la moda, decir que tienes un amigo gay”; la moda, como si ser homosexual se tratase de algo efímero en la vida. Estas primeras declaraciones ya dejaban una clara evidencia de sus aires homófobos y retrógrados.

La aventura de Jorge comenzaba nada más y nada menos que paseando por el emblemático barrio de Chueca en plenas Fiestas del Orgullo Gay. Allí, junto con Álvaro y Cintora, se reunieron con una familia homosexual formada por dos hombres y sus hijos, nacidos ambos por gestación subrogada.
Los chicos contaban que se gastaron unos 100.000 euros en sus dos hijos, a lo que Jorge, con mirada inaudita respondía que “yo no me tengo que hipotecar para tener hijos”, “ los hijos no son ni una mascota ni un juguete que se pueda escoger a capricho”. Pero, ¿acaso las familias homosexuales adoptan por capricho o entretenimiento? ¿No tienen todas las parejas el derecho a tener descendencia sin importar su orientación sexual?

En su paso por Chueca, la familia invita a Jorge a entrar en una librería de libros infantiles sobre parejas homosexuales. Como era de esperar, Jorge se mostró en desacuerdo con esto. Piensa que con estos libros se induce a los niños en algo que no es natural, palabra a la que hace alusión en cada uno de sus argumentos. Además, Jorge aseguraba que no compraría libros de este tipo a sus hijos porque “están tratando de normalizar situaciones que yo no considero normales”.
¿Quién o qué determina qué es lo normal y qué es lo anormal? ¿la tradición, la historia , las creencias…?

Hablando de tradición e historia, en su camino con Cintora, Álvaro visita a una familia formada por un padre , una madre y ocho hijos. ¿Qué pensará el cabecilla de esta numerosa familia? Efectivamente: “creo en los votos matrimoniales y en el deber de reproducción”, afirmaba el padre. De hecho, tras ser preguntado por Cintora sobre su pensamiento acerca de las personas homosexuales, respondía que “la homosexualidad puede ser consecuencia de un matrimonio roto o de una mala experiencia en el amor”. Ahora resulta que la homosexualidad es el segundo plato y la alternativa al desamor heterosexual.

El tercer grupo de personas con los que Álvaro pudo conversar fueron tres padres defensores de las terapias de conversión de la homosexualidad. Estos informaban “muy amablemente” a Álvaro de que existen centros donde la homosexualidad puede hacerse reversible, como el agua misma. Cintora ha preguntado a estos padres si verían correcto que en las aulas se enseñase a los niños la diversidad sexual. Su respuesta ha sido un rotundo no, argumentando que eso les crearía confusión. Es decir; que si un cliente va a un supermercado y se le muestra, independientemente de sus gustos, que existe el chocolate negro, el chocolate blanco, el chocolate negro con nueces o el chocolate blanco con avellanas… sería crearle un desorden mental.

Para darle fin a este gran debate, Cintora reunió a Jorge con Álvaro para que cada uno de ellos expresase lo que este encuentro les había aportado.
“Después de lo que he visto, creo que hay mucha degeneración social y caos”, aseguraba Jorge.
Por su parte, a Álvaro le ha servido para saber que “aún existen muchas personas como Jorge” y que “hay que seguir luchando”.

Sin duda, esta tercera entrega de La línea roja ha sido todo un choque con la realidad que aún se vive en España, una pequeña parte de este gran escaparate de retrógrados transeúntes españoles.

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